Suscríbete al boletín sobre psicólogia del marketing haciendo aquí 👉🏻 clic 

Alucinаba que estaba en mi cama. Pero seguía sentado frente a la laptop. Esto me pasó por trabajar sin descanso.


Después de estirarme como un flacuchento gato sarnoso, me puse frente a la laptop como un monstruo obsesivo por el trabajo.

Solo quería ordenar una serie de poderosos prompts para generar imágenes chulas.

Estuve sentado hasta aburrirme hasta la médula.

Y de pronto necesité despertar mis demás sentidos. Así que mejor idea que salir a caminar y comprar insumos para mi semana, que supongo será buena.

Esa compra de mercado fue suficiente para sentarme nuevamente, pero esta vez solo para almorzar.

En efecto, la digestión me provocó un sueñito, pero me resistí a ceder, porque quería culminar el trabajo que inicié en la mañanita.

Aunque poco a poco mi cabeza dio con la pared de mi habitación, y por 20 minutos alucinaba que estaba en mi cama.

Abrí los ojos algo aturdido, me cambié de inmediato y me fui a la iglesia.

Necesitaba acercar mi alma al Altísimo.

Junto a mis compañeros de la comunidad religiosa Gloria a Dios, recé por la paz de mi alma, hasta sentirme realmente liberado de todo peso, y recuperar una tranquilidad que intuyo el diablo envidió.

Saliendo del centro de culto, pasé por un Juan Valdez y compré un café americano de 8.50.

Tomé unos cuantos sorbos, tan buenos que me impulsaron a trabajar desde mi celular en el ómnibus, todo el camino a casa.

Es que necesitaba culminar el trabajo que había empezado por la mañanita.

.

Y ahí, entre la siesta a medias, la iglesia y el café en el bus, entendí algo:

La mente no distingue bien entre “estoy trabajando” y “estoy exigiéndome sin sentido”.

Cuando la empujas sin pausa, ella misma se inventa un descanso, aunque sea alucinando 20 minutos de cama que nunca existieron.

En marketing pasa lo mismo con tu audiencia.

Si la saturas de estímulos sin darle un respiro, su mente desconecta, aunque los ojos sigan mirando la pantalla.

A veces la productividad real no es forzar más horas. Es saber leer cuándo tu mente, o la de tu cliente, ya pidió una pausa a gritos.

¿Alguna vez tu cuerpo te pidió parar y tú lo ignoraste hasta alucinar cosas raras?

Te leo abajo.

.

.

.

:.Leo

Psicomarketer Online y Copywriter Storyteller